jueves, 7 de junio de 2007

BAILE DE MÁSCARAS

Noche de trenes,
de pausas que algunas tribus respetan.
Un museo de portafotos,
una nota desafinada,
un hombre saltando al vacío,
una mujer llorando,
la hija mira arriba la Mater Polaris,
un sombrero que gira como trompo
y un pecho que se hincha sangrando.
El humo se recuesta sobre el arcoiris,
las luciérnagas viajan cantando,
el agua gotea sobre las cabezas vacías,
las ideas se dispersan,
los recuerdos,
¡¡llueven meteoritos!!.
Sacra iglesia católica,
en comunión con santos y pecadores.
Uno creCe, ya noN creDe,
mano abierta, acoge la peste,
la pluma recorre un cuerpo que tiembla,
el miedo indolente pasea en carroza,
muero y al tercer día me mando cambiar.
Se revelaron las rebeliones, se hizo tarde
y descanso en migraña el séptimo siglo.

jueves, 31 de mayo de 2007

JUERGA

Bostezo en frasco,
cometa que atraviesa la noche de luna llorosa,
reincorpora el sabor dulce del almíbar a la fiesta amarga,
tose fortuito la voz del silencio,
nada contra la corriente numérica,
rompe el papel lustre,
tiembla en soledad el trinar de los pájaros,
respira conforme la verdad inmóvil.
Se te sentencia a quedar por siempre al filo del perdón.
Se te asigna el rol de cáliz de salvación y olvido.

martes, 29 de mayo de 2007

Suicidio criollo en tarde de invierno

Siempre se preguntó dónde volaban las palomas, cuando se perdían en el viento azaroso, mientras ellas miraban perfectamente simétricas desde el infinito, las casas entre cigarros sin memoria.
Un día decidió averiguar qué puerta abriría si se lanzaba al vacío desde un mirador en lo alto de la ciudad rítmica, con flujos pulsantes, como riberas que estornudan al metrónomo de un corazón implícito.
Inspiró profundo, al tiempo que una gota de sudor brillaba al sol, esperando caer desde su cuello.
Revisitó cada interacción no olvidada.
Él nunca quiso ser hormiga, de esas que se besan la boca, intercambiando quizás qué idea o almíbar y luego siguen su marcha, sin poder retener aquel éxtasis de la pausa, que casi las hizo despertar.
Salió a pasear de la mano del reloj, examinó la niñez de globos, se montó en caballos de árbol, en naves que cruzaban galaxias con sólo pestañar; abrazó a la mujer que lo echó al mundo, mostrándole el camino a la luz.
Exhaló lentamente y con un paso seguro, sostuvo su pie derecho en el aire, extendiendo sus brazos a los lados.
Un trago de saliva, un puñado de latidos cardíacos, el miedo que expande la apertura umbilical, la tierra que crece, la vida en un instante y el silencio más profundo de la mano de la muerte.